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LOS ANTICUERPOS QUE PROTEGEN CONTRA EL CORONAVIRUS DURAN POR LO MENOS SIETE MESES

Un estudio con seis mil personas muestra que los infectados generan una respuesta inmune adecuada.

Salud 26 de octubre de 2020 Redacción Posturas
Test anticuerpo

La sangre de miles de personas acaba de aportar buenas noticias en uno de los frentes más cruciales en la guerra contra el nuevo coronavirus: la inmunidad natural.

Desde el comienzo de la pandemia una de las preguntas más acuciantes fue cómo de efectiva es la inmunidad que tiene una persona tras superar la infección y, sobre todo, cuánto tiempo dura. Es una pregunta angustiosa porque para responderla hay que esperar, a pesar de la urgencia pandémica.

Lo mismo sucedió con el SARS en 2002: al principio se dudaba de que hubiese inmunidad duradera. Ahora sabemos que la gente que pasó el virus seguía teniendo anticuerpos 12 años después.

En los últimos días se han publicado casos de unas pocas personas reinfectadas por SARS-CoV-2, incluidas algunas que han sufrido una enfermedad más grave la segunda vez.

Los anticuerpos son proteínas del sistema inmune que se unen al virus e impiden que este infecte más células. Varios estudios de hace meses mostraban que los anticuerpos decaen a los pocos meses de la infección en personas con enfermedad leve, incluido el estudio serológico que se realizó en España. ¿Están entonces protegidos los que superan la primera infección?

Según los datos de uno de los mayores estudios realizados hasta la fecha sobre este tema, lo más probable es que sí; y esa protección mediada por anticuerpos dura al menos siete meses.

“Nuestro estudio demuestra que es posible generar inmunidad duradera contra este virus”, explica Deepta Bhattacharya investigador del Centro de Cáncer de la Universidad de Arizona (EE UU) y coautor del trabajo, que será publicado en la revista Immunity.

“En las infecciones moderadas que hemos analizado la respuesta de anticuerpos parece bastante convencional; los niveles de estas proteínas suben al principio y luego bajan, pero después se estabilizan”, añade. Las reinfecciones, advierte, son casos “excepcionales”.

Cuando el SARS-CoV-2 entra en nuestro organismo se inicia una compleja respuesta del sistema inmune que tarda unas dos semanas en completarse y que involucra a millones de células de todo el cuerpo. Algunas de ellas son sofisticadísimas: pueden recordar para siempre a un patógeno y desarrollar las armas moleculares para destruirlo, incluidos diferentes tipos de anticuerpos de gran potencia.

El estudio de Arizona surge de una campaña masiva de test en la que participaron 30.000 personas. El estudio se ha centrado en los datos de casi 6.000 de ellas y ha analizado la producción de anticuerpos neutralizantes en más de 1.000.

La prevalencia de infecciones es baja, con lo que solo se han hallado unas 200 personas que habían pasado la infección y habían producido anticuerpos neutralizantes, explica Bhattacharya. Lo máximo que el equipo ha conseguido retroceder en el tiempo para ver cuánto duran los anticuerpos son esos siete meses, pues la epidemia de coronavirus llegó relativamente tarde a este Estado.

“Solo hemos podido analizar a seis personas que se habían infectado hace entre cinco y siete meses, pero tenemos muchas más que lo hicieron hace entre tres y cinco meses. No tenemos una bola de cristal para saber cuánto duran los anticuerpos, pero basados en lo que sabemos de otros coronavirus esperamos que la respuesta inmune se mantenga al menos un año y probablemente mucho más”, explica Bhattacharya.

El equipo de EE. UU. cree que los datos previos que apuntaban a que los anticuerpos decaen pronto se debe a que analizaron un tipo de células del plasma sanguíneo que son las primeras en acudir tras una infección, pero que tienen una vida corta.

Se trata de células capaces de segregar anticuerpos no muy específicos, como los IgM. Tiempo después entra en juego un segundo tipo de células sanguíneas más longevas que acuden a los centros germinales, una especie de cuarteles generales de la inmunidad localizados en los ganglios y el bazo donde reciben antígenos del nuevo virus que les permiten identificarlo con mucha más precisión y desarrollar anticuerpos mucho más específicos, los famosos IgG.

Entre esta segunda oleada de anticuerpos hay una tropa de élite dirigida contra la proteína que diferencia al nuevo coronavirus de otros de su clase: la espícula. Esta protuberancia con forma de pincho que sobresale de su envoltura es la encargada de encajar en el receptor de las células humanas para abrirlas, adueñarse de su maquinaria biológica y comenzar a reproducirse sin freno.

(Fuente TN)

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